La Célula
Los seres vivos están formados por mínimas unidades llamadas células. Todas las funciones químicas y fisiológicas básicas, por ejemplo, la reparación, el crecimiento, el movimiento, la inmunidad, la comunicación, y la digestión, ocurren al interior de la célula.
Clasificación de los seres vivos
Según el número de células que los forman, los seres vivos se pueden clasificar en unicelulares y pluricelulares.
Unicelulares: Son todos aquellos organismos formados por una sola célula. En este grupo, los más representativos son los protozoos -ameba, paramecio, euglena-, que sólo pueden observarse con un microscopio.
Pluricelulares: Son todos aquellos organismos formados por más de una célula. Existe gran variedad de ellos, tales como los vertebrados (aves, mamíferos, anfibios, peces, reptiles) y los invertebrados (arácnidos, insectos, moluscos, etc.).
En los vegetales, podemos tomar como ejemplos a las plantas con flores (angiosperma), sin flores típicas (gimnospermas), musgos, hongos, etcétera.
Los organismos pluricelulares presentan una determinada organización de sus células, en distintos niveles, que son:
Célula: mínima unidad que forma parte de un ser vivo.
Tejido: conjunto de células que tienen características y funciones similares y con un mismo origen.
Órgano: conjunto de tejidos unidos y coordinados para cumplir una función específica. Por ejemplo: pulmón, corazón, estómago, etcétera. En el caso de los vegetales, son considerados órganos: la raíz, las semillas, las hojas, las flor, etcétera.
Sistemas: resultado de la unión de varios órganos, los cuales funcionan de una forma coordinada para desempeñar un rol determinado. Por ejemplo: se habla de Sistema Digestivo, Renal, Circulatorio, Nervioso, Reproductor, etcétera.
Organismo: es un ser vivo formado por un conjunto de sistemas, que trabajan armónicamente.
Existen seres vivos que no tienen órganos o sistemas estructurados, pero poseen una organización sencilla, esto les permite un buen desarrollo. Si un órgano se daña o altera provoca una desorganización del ser vivo.
Las tres partes básicas de toda célula son: la membrana plasmática, el citoplasma, y el núcleo.
Membrana Celular o plasmática
La membrana celular o plasmática
La membrana celular se caracteriza porque:
Rodea a toda la célula y mantiene su integridad.
Está compuesta por dos sustancias orgánicas: proteínas y lípidos, específicamente fosfolípidos.
Los fosfolípidos están dispuestos formando una doble capa (bicapa lipídica), donde se encuentran sumergidas las proteínas.
Es una estructura dinámica.
Es una membrana semipermeable o selectiva, esto indica que sólo pasan algunas sustancias (moléculas) a través de ella.
Tiene la capacidad de modificarse y en este proceso forma poros y canales
Funciones de la membrana celular
Regula el paso de sustancias hacia el interior de la célula y viceversa. Esto quiere decir que incorpora nutrientes al interior de la célula y permite el paso de desechos hacia el exterior.
Como estructura dinámica, permite el paso de ciertas sustancias e impide el paso de otras.
Aísla y protege a la célula del ambiente externo
Funciones del citoplasma
Nutritiva. Al citoplasma se incorporan una serie de sustancias, que van a ser transformadas o desintegradas para liberar energía.
De almacenamiento. En el citoplasma se almacenan ciertas sustancias de reserva.
Estructural. El citoplasma es el soporte que da forma a la célula y es la base de sus movimientos.
Los organelos celulares
Son pequeñas estructuras intracelulares, delimitadas por una o dos membranas. Cada una de ellas realiza una determinada función, permitiendo la vida de la célula. Por la función que cumple cada organelo, la gran mayoría se encuentra en todas las células, a excepción de algunos, que solo están presentes en ciertas células de determinados organismos.
Mitocondria
Mitocondrias: en los organismos heterótrofos, las mitocondrias son fundamentales para la obtención de la energía.
Son organelos de forma elíptica, están delimitados por dos membranas, una externa y lisa, y otra interna, que presenta pliegues, capaces de aumentar la superficie en el interior de la mitocondria. Poseen su propio material genético llamado DNA mitocondrial.
La función de la mitocondria es producir la mayor cantidad de energía útil para el trabajo que debe realizar la célula. Con ese fin, utiliza la energía contenida en ciertas moléculas. Por ejemplo, tenemos el caso de la glucosa.
Esta molécula se transforma primero en el citoplasma y posteriormente en el interior de la mitocondria, hasta CO2 (anhídrido carbónico), H2O (agua) y energía. Esta energía no es ocupada directamente, sino que se almacena en una molécula especial llamada ATP (adenosin trifosfato).
El ATP se difunde hacia el citoplasma para ser ocupado en las distintas reacciones en las cuales se requiere de energía. Al liberar la energía, el ATP queda como ADP (adenosin difosfato), el cual vuelve a la mitocondria para transformarse nuevamente en ATP.
La formación del ATP puede representarse mediante la siguiente reacción química:
Energía
ADP + P + ----------------> ATP (P = fosfato)
Esta reacción permite almacenar la energía.
En tanto, el proceso inverso, de liberación de energía, es:
ATP ----------------> ADP + P + Energía
Cloroplasto
Cloroplastos: son organelos que se encuentran sólo en células que están formando a las plantas y algas verdes. Son más grandes que las mitocondrias y están rodeados por dos membranas una externa y otra interna.
Poseen su propio material genético llamado DNA plastidial, y en su interior se encuentra la clorofila (pigmento verde) y otros pigmentos. Los cloroplastos son los organelos fundamentales en los organismos autótrofos, es decir, aquellos capaces de fabricar su propio alimento.
En ellos ocurre la fotosíntesis. Para que esta se realice, se requiere de CO2, agua y energía solar, sustancias con las cuales la planta fabrica glucosa. Esta molécula le sirve de alimento al vegetal y a otros seres vivos.
Así se forma, también, el oxígeno que pasa hacia la atmósfera.
clorofila
6CO2 +6H2O + Energía----------------> glucosa + 6O2
Ribosomas: son pequeños corpúsculos, que se encuentran libres en el citoplasma, como gránulos independientes, o formando grupos, constituyendo polirribosomas. También, pueden estar asociados a la pared externa de otro organelo celular, llamado retículo endoplasmático rugoso. En los ribosomas tiene lugar la síntesis de proteínas, cuyo fin es construir el cuerpo celular, regular ciertas actividades metabólicas, etcétera.
Retículo endoplasmático
Retículo endoplasmático: corresponde a un conjunto de canales y sacos aplanados, que ocupan una gran porción del citoplasma.
Están formados por membranas muy delgadas y comunican el núcleo celular con el medio extracelular -o medio externo-.
Existen dos tipos de retículo. Uno es el llamado rugoso, en la superficie externa de su membrana van adosados ribosomas.
Su función consiste en transportar proteínas que fueron sintetizadas por los ribosomas y, además, algunas proteínas que forman parte de ciertas membranas de distintas estructuras de la célula.
El otro tipo es el liso. Carece de ribosomas y está asociado a ciertas reacciones relacionadas con la producción de sustancias de naturaleza lipídica -lípidos o grasas-.
Aparato de Golgi
Aparato de Golgi: está delimitado por una sola membrana y formado por una serie de sacos membranosos aplanados y apilados uno sobre otro. Alrededor de estos sacos, hay una serie de bolsitas membranosas llamadas vesículas. El aparato de Golgi existe en las células vegetales -dictiosoma- y animales. Actúa muy estrechamente con el retículo endoplasmático rugoso. Es el encargado de distribuir las proteínas fabricadas en este último, ya sea dentro o fuera de la célula. Además, adiciona cierta señal química a las proteínas, que determina el destino final de éstas.
Lisosomas: es un organelo pequeño, de forma esférica y rodeado por una sola membrana. En su interior, contiene ciertas sustancias químicas llamadas enzimas -que permiten sintetizar o degradar otras sustancias-. Los lisosomas están directamente asociados a los procesos de digestión intracelular. Esto significa que, gracias a las enzimas que están en el interior, se puede degradar proteínas, lípidos, hidratos de carbono, etcétera. En condiciones normales, los lisosomas degradan membranas y organelos, que han dejado de funcionar en la célula.
Centríolos: están presentes en las células animales. En la gran mayoría de las células vegetales no existen. Conformados por un grupo de nueve túbulos ordenados en círculos, participan directamente en el proceso de división o reproducción celular, llamado mitosis.
Vacuolas: son vesículas o bolsas membranosas, presentes en la célula animal y vegetal; en ésta última son más numerosas y más grandes. Su función es la de almacenar -temporalmente- alimentos, agua, desechos y otros materiales.
El núcleo
Es fundamental aclarar que existen células que tienen un núcleo bien definido y separado del citoplasma, a través de una membrana llamada membrana doble nuclear o carioteca. A estas células con núcleo verdadero, se les denomina células eucariontes.
Hay otras células -en las bacterias y en ciertas algas unicelulares- que no tienen un núcleo definido ni determinado por una membrana. Esto indica que los componentes nucleares están mezclados con el citoplasma. Este tipo de células se denominan procariontes.
En la célula eucarionte el núcleo se caracteriza por:
Ser voluminoso.
Ocupar una posición central en la célula.
Estar delimitado por la membrana carioteca. Ésta presenta poros definidos, que permiten el intercambio de moléculas entre el núcleo y el citoplasma.
En el interior del núcleo se pueden encontrar:
Núcleo plasma o jugo nuclear.
Nucléolo: cuerpo esférico, formado por proteínas, ácido desoxi-ribonucleico (ADN) y ácido ribonucleico (ARN), ambos compuestos orgánicos.
El nucléolo tiene la información para fabricar las proteínas.
Material genético: está organizado en verdaderas hebras llamadas cromatinas, formadas por ADN. Cuando la célula se reproduce, la cromatina se condensa y forma unas estructuras llamadas cromosomas, donde está contenida toda la información genética propia de cada ser vivo.
La función del núcleo es dirigir la actividad celular, es decir, regula el funcionamiento de todos los organelos celulares.
Nutrición
Las sustancias que emplea el organismo para su nutrición se encuentran contenidas en los alimentos, generalmente formando compuestos que no se asimilan y que han de transformarse en cuerpos solubles en el agua, capaces de ser absorbidos en el tubo digestivo.
Esta transformación se consigue mediante una serie de procesos mecánicos y químicos que se desarrollan en el seno de las vísceras que constituyen el aparato digestivo.
En realidad, el proceso de la digestión empieza en el cerebro el cual envía la orden de puesta en marcha al estómago en el mismo instante en que la vista o el olfato son estimulados e incluso cuando se produce cualquier pensamiento referente a la comida.
Digestión bucal
Llegada la comida a la boca, los dientes rompen los alimentos por fuera y la saliva los rompe por dentro.
Los alimentos, que han sido cortados y triturados por las piezas dentarias, se mezclan, durante el tiempo que dura la masticación, con la saliva, que es el producto de la secreción de las diversas glándulas salivales.
La composición de la saliva varía en relación con el tipo de los alimentos ingeridos.
Su reacción es alcalina y contiene algunos fermentos, de los cuales el más importante es la ptialina, que tiene la propiedad de producir el desdoblamiento de los hidratos de carbono, transformando los que tienen una composición más compleja, como el almidón, en cuerpos más sencillos, como la dextrina y la maltosa.
Este proceso se realiza en la boca durante la masticación; pero, como la permanencia del alimento en la cavidad bucal es tan corta, no da tiempo a que se realice por completo la digestión de los carbohidratos, por lo que ha de terminarse en el estómago e intestino.
Las grasas y las albúminas no son atacadas por la saliva, pasando incólumes al estómago al ser deglutidas.
Además de la ptialina y otros fermentos menos importantes, la saliva contiene también una cantidad de mucina, que tiene gran importancia en la digestión, pues actúa posteriormente en procesos químicos que se realizan en el estómago.
La función digestiva de la boca comprende, además, otros aspectos, pues la saliva diluye ciertas sustancias agradables al paladar que actúan sobre determinadas terminaciones nerviosas, estimulando el apetito.
La boca interviene, asimismo, en la regulación del equilibrio hídrico, pues al secarse su mucosa se origina la sensación de sed. Como resultado de este proceso de masticación, se obtiene el bolo alimenticio, que pasa en seguida al estómago.
Digestión gástrica
El estómago es la bolsa donde van a parar los alimentos una vez masticados entrando en contacto con el ácido clorhídrico, uno de los componentes del jugo gástrico.
El ácido clorhídrico es un líquido de gran poder abrasivo, cuya función es deshacer las proteínas (carne, pescado, legumbres, frutos oleaginosos, etc.) Si nuestra dieta es muy rica en estos alimentos producimos mayor cantidad de ácido clorhídrico y si fuera excesivamente abundante en proteínas se podrían llegar a agredir las paredes del estómago.
El bolo alimenticio, que así se denomina el alimento después de haber sufrido la fase de digestión bucal, obstruye a su paso el conducto respiratorio, haciendo que la epiglotis cierre la laringe para impedir su penetración en la tráquea, episodio que podría acarrear la asfixia.
Al penetrar el alimento en el esófago, éste se contrae en forma de una onda que lo recorre de arriba abajo, contracción que empuja el bolo alimenticio, haciéndolo descender a lo largo del tubo.
Así llega al cardias, válvula de entrada al estómago. Esta se abre y permite la entrada del alimento en la víscera por su parte superior, llenándola.
Al aumentar la cantidad de alimento, el estómago se dilata, poniéndose los alimentos ingeridos en contacto con los jugos del estómago e iniciándose la segunda fase del proceso digestivo.
Mientras los alimentos que se han colocado en la periferia, que son los que primero han penetrado en la víscera, se ponen en contacto con las paredes que segregan el jugo gástrico, los que han penetrado después permanecen en el centro de la masa sin que penetre en ellos el jugo ácido, por lo que continúan sufriendo la acción de la ptialina.
Pero lentamente los zumos van actuando dentro de la masa que, sometida a los movimientos del estómago, va macerándose y mezclándose conforme avanza hacia el antro pilórico.
El jugo gástrico es el producto de la secreción de las glándulas de la mucosa gástrica y contiene determinados fermentos digestivos de lo cuales el primer lugar en importancia lo ocupa la pepsina, que actúa provocando la desintegración de las proteínas, proceso que solamente se realiza en un medio ácido lo que explica la necesidad del ácido clorhídrico que en estado libre se encuentra también en el jugo gástrico.
Asimismo, son importantes fermentos existentes en el estómago como la renina, que cuaja la leche, y la lipasa gástrica, que actúa débilmente sobre las grasas. La mucina (o mucus) cubre el interior del estómago, y por su poder para combinarse con los ácidos protege la mucosa de la acción digestiva de los jugos.
La secreción de jugo en el estómago no es constante ya que, según se ha demostrado por numerosos experimentos, se inicia al comenzar a comer por la acción de un mecanismo reflejo, condicionado por estímulos síquicos y gástricos.
La digestión gástrica no se reduce a una permanencia inerte de los alimentos en el estómago, sino que contribuye a ella de un modo importante la motilidad gástrica, que hace posible se realice de un modo perfecto la mezcla de alimentos con el jugo segregado.
La permanencia en el seno del estómago es muy variable, y depende, sobre todo, de la composición de la comida, pues mientras que la leche ha pasado casi totalmente al intestino al cabo de una o dos horas, una comida mixta corriente puede encontrarse en él pasadas cuatro horas, y si es rica en grasas, hasta después de las cinco horas.
Digestión intestinal
Una vez batidos y mezclados los alimentos en el estómago se abre la válvula pilórica, que franquea el paso al duodeno, primera porción del intestino delgado, donde comienzan a actuar sobre el alimento las secreciones del páncreas, de las glándulas intestinales y la del hígado o bilis, que contribuyen a que termine de realizarse la fase más importante de la digestión: el desdoblamiento de los carbohidratos, las grasas y las proteínas en sustancias solubles en el agua y capaces de ser absorbidas por la mucosa intestinal.
Todos los jugos que se vierten en el duodeno tienen una reacción alcalina, por lo que neutralizan el ácido clorhídrico que, procedente del estómago, contiene el quimo, transformándolo en cloruros.
El jugo pancreático contiene diversos fermentos, siendo los más importantes: la tripsina, que está constituida por un conglomerado de fermentos que actúan sobre las proteínas; la lipasa pancreática, que ejerce su acción sobre las grasas, y la amilasa, que lo hace sobre los polisacáridos.
Los dos primeros fermentos se segregan en forma inactiva y son activados por otros fermentos procedentes del jugo intestinal o de la bilis.
Las glándulas intestinales segregan el jugo intestinal, que contiene también diversos fermentos que complementan la actuación del jugo pancreático.
Entre ellos se encuentran: la enterocinasa, que obra sobre la tripsina pancreática, activándola; la erepsina, que contribuye al desdoblamiento de las proteínas; la lipasa intestinal que actúa sobre las grasas, y la amilasa, que lo hace sobre los carbohidratos.
En el duodeno se derrama también la bilis, que es la secreción del hígado, y que, al contrario de los restantes jugos digestivos, no contiene ningún fermento, a pesar de lo cual es indispensable para el proceso de la digestión en el intestino, ya que activa la lipasa pancreática y hace posible la absorción de la grasa en el mismo.
Sus constituyentes funcionales más importantes son los ácidos biliares, que transforman las grasas en jabones fácilmente asimilables. Además, por la bilis se vierten productos como la colesterina, la lecítina y los pigmentos biliares, que pueden considerarse como escorias del organismo.
El intestino delgado posee una movilidad característica que, además de hacer más completa la mezcla de los alimentos con los jugos digestivos, permite su progresión a lo largo del trayecto intestinal.
El último eslabón de la digestión es la deshidratación de la materia fecal, para ser posteriormente eliminada. Esta tarea la realiza el intestino grueso o colon de dos metros de largo aproximadamente. El intestino grueso funciona gracias a unos movimientos llamados peristálticos los cuales se ven estimulados por la presencia de fibra vegetal que aporta volumen y presiona los intestinos para que se muevan y permita avanzar las heces hasta su eliminación.
Cuatro o cinco horas después de su ingestión, la comida penetra en el intestino grueso a través de la válvula ileocecal, encontrándose entonces el alimento desprovisto de sustancias digeribles, pues éstas han sido absorbidas en su totalidad en el intestino delgado.
El intestino grueso no segrega fermentos digestivos propios y su capacidad de absorción es muy limitada siendo solamente importante la absorción de agua. Sin embargo, en este segmento del intestino el alimento es sometido a la acción de la flora bacteriana intestinal, produce procesos de fermentación y putrefacción.
Los alimentos permanecen en el intestino grueso de ocho a diez horas, contribuyendo a la formación de las heces fecales, que penetran en el recto y son expulsadas, al exterior como productos de desecho del organismo.
Es creencia popular que las heces son residuos alimenticios no absorbidos, pero este concepto está lejos de la realidad, pues la base de su constitución son las secreciones intestinales, excreciones de materia celular, bacterias y sólo una pequeña parte de residuos de alimentos.
Los alimentos concentrados, como el queso, huevos y carne, son digeridos y absorbidos casi en su totalidad, dejando un escaso residuo.
La leche y el pan dejan abundante resto, y cuando se comen frutas y verduras llega al intestino grueso una gran cantidad de celulosa no digerible que fermenta y que por la absorción de agua adquiera una adecuada consistencia.
Así pues las características físicas y el grado de descomposición de los excrementos están determinados por la composición de la dieta.
El proceso de una digestión completa puede durar de 24 a 48 horas. Paralelamente están funcionando todas sus fases ya que comemos de tres a cinco veces al día en menor o mayor cantidad.
La salud del mecanismo y por lo tanto de la nuestra, depende del equilibrio entre lo que entra y lo que se elimina, y más propiamente entre lo que verdaderamente se digiere y asimila que es lo que de verdad nos nutre.
No es sólo qué comemos sino también cómo, cuando y hasta con quién, lo que influye y determina a la larga nuestro estado general de salud.
Sistema Circulatorio
El cuerpo humano es recorrido interiormente, desde la punta de los pies hasta la cabeza, por un líquido rojizo y espeso llamado sangre. La sangre hace este recorrido a través de un sistema de verdaderas “cañerías”, de distinto grosor, que se comunican por todo el cuerpo.
La fuerza que necesita la sangre para circular se la entrega un motor que está ubicado casi en el centro del pecho: el corazón, que es una bomba que funciona sin parar un solo segundo.
Estos elementos, junto a otros que apoyan la labor sanguínea, conforman el Sistema o Aparato circulatorio
El sistema o aparato circulatorio es el encargado de transportar, llevándolas en la sangre, las sustancias nutritivas y el oxígeno por todo el cuerpo, para que, finalmente, estas sustancias lleguen a las células.
También tiene la misión de transportar ciertas sustancias de desecho desde las células hasta los pulmones o riñones, para luego ser eliminadas del cuerpo.
El sistema o aparato circulatorio está formado, entonces, por la sangre, el corazón y los vasos sanguíneos.
La sangre
La sangre es una compleja mezcla de partículas sólidas que flotan en un líquido. Ese líquido, amarillento y transparente, se llama plasma, y las partículas sólidas que flotan en él son los llamados elementos figurados, que aparecen el dibujo a la derecha.
Esta parte sólida es roja y está formada por glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.
Glóbulos rojos: Son células que le dan el color rojo a la sangre y, a la vez, llevan el oxígeno desde los pulmones a todas las células del cuerpo, y el anhídrido carbónico desde las células hacia los pulmones.
Intercambio de oxígeno: Todas las células y tejidos del cuerpo necesitan recibir constantemente oxígeno para mantenerse vivos. Ese oxígeno lo extrae la sangre desde los pulmones (donde se acumula cuando inspiramos) y los glóbulos rojos lo distribuyen por todo el cuerpo. Al mismo tiempo, dejan el oxígeno y sacan de los tejidos el productos de desecho llamado anhídrido carbónico (o dióxido de carbono) para llevarlo a los pulmones y desde allí botarlo al exterior cuando expiramos.
Glóbulos blancos: Son células que pueden alterar su forma para desplazarse fuera del torrente sanguíneo y capturar los microbios.
Plaquetas: Son partes de células que intervienen en la coagulación de la sangre.
La cantidad de sangre en el cuerpo debe mantenerse constante para que ésta realice su tarea con eficacia.
Como las venas, arterias y capilares están por todo el cuerpo, también están expuestas a los accidentes que provocan sangramiento. Cuando la cantidad de sangre que sale por alguna herida es muy grande, hablamos de una hemorragia.
En esos casos, como en las operaciones donde se requiere restablecer la cantidad de sangre, se recurre a las transfusiones, que consisten en inyectarle sangre a los heridos o pacientes directamente al organismo. Esa sangre está guardada en refrigeración y en bolsas como la que vemos a la derecha.
El corazón
Es un órgano o bomba muscular hueca, del tamaño de un puño. Se aloja en el centro del tórax. Su única función es bombear la sangre hacia todo el cuerpo.
Interiormente, el corazón está dividido en cuatro cavidades: las superiores se llaman aurículas, y las inferiores, ventrículos.
La aurícula y el ventrículo derechos están separados de la aurícula y ventrículo izquierdos por una membrana llamada tabique. Las aurículas se comunican con sus respectivos ventrículos por medio de las válvulas.
Vasos sanguíneos
Son las arterias, venas y capilares; es decir, los conductos por donde circula la sangre.
Arterias: Son vasos de paredes gruesas. Nacen de los ventrículos y llevan sangre desde el corazón al resto del cuerpo. Del ventrículo izquierdo nace la arteria aorta, que se ramifica en dos coronarias, y del derecho nace la pulmonar.
Venas: Son vasos de paredes delgadas. Nacen en las aurículas y llevan sangre del cuerpo hacia el corazón.
Capilares: Son vasos muy finos y de paredes muy delgadas, que unen venas con arterias. Su única función es la de favorecer el intercambio gaseoso.
Trabajo del corazón y recorrido de la sangre
El corazón está trabajando desde que comienza la vida en el vientre materno, y lo sigue haciendo por mucho tiempo más, hasta el último día.
Para que bombee sangre hacia todo el cuerpo, el corazón debe contraerse y relajarse rítmicamente. Los movimientos de contracción se llaman movimientos sistólicos, y los de relajación, movimientos diastólicos.
La sangre sale del corazón a través de las arterias y se dirige hacia los pulmones. Allí recoge el oxígeno y regresa al corazón a través de las venas. El corazón la bombea hacia el resto del cuerpo, para llegar otra vez hasta él cargada de anhídrido carbónico y, así, ir nuevamente a los pulmones y volver a comenzar el ciclo.
Sistema Respiratorio
La respiración es el proceso por el cual ingresamos aire (que contiene oxígeno) a nuestro organismo y sacamos de él aire rico en dióxido de carbono. Un ser vivo puede estar varias horas sin comer, dormir o tomar agua, pero no puede dejar de respirar más de tres minutos. Esto grafica la importancia de la respiración para nuestra vida.
El sistema respiratorio de los seres humanos está formado por:
Las vías respiratorias: son las fosas nasales, la faringe, la laringe, la tráquea, los bronquios y los bronquíolos. La boca también es, un órgano por donde entra y sale el aire durante la respiración.
Las fosas nasales son dos cavidades situadas encima de la boca. Se abren al exterior por los orificios de la nariz (donde reside el sentido del olfato) y se comunican con la faringe por la parte posterior. En el interior de las fosas nasales se encuentra la pituitaria, que calienta y humedece el aire que inspiramos. De este modo, se evita que el aire reseque la garganta, o que llegue muy frío hasta los pulmones, lo que podría producir enfermedades.
La faringe se encuentra a continuación de las fosas nasales y de la boca. Forma parte también del sistema digestivo. A través de ella pasan el alimento que ingerimos y el aire que respiramos.
La laringe está situada en el comienzo de la tráquea. Es una cavidad formada por cartílagos que presenta una saliente llamada comúnmente nuez. En la laringe se encuentran las cuerdas vocales que, al vibrar, producen la voz.
La tráquea es un conducto de unos doce centímetros de longitud. Está situada delante del esófago.
Los bronquios son los dos tubos en que se divide la tráquea. Penetran en los pulmones, donde se ramifican una multitud de veces, hasta llegar a formar los bronquiolos.
Los pulmones
Son dos órganos esponjosos de color rosado que están protegidos por las costillas.
Mientras que el pulmón derecho tiene tres lóbulos, el pulmón izquierdo sólo tiene dos, con un hueco para acomodar el corazón. Los bronquios se subdividen dentro de los lóbulos en otros más pequeños y éstos a su vez en conductos aún más pequeños. Terminan en minúsculos saquitos de aire, o alvéolos, rodeados de capilares.
Una membrana llamada pleura rodea los pulmones y los protege del roce con las costillas.
Alvéolos
En los alvéolos se realiza el intercambio gaseoso: cuando los alvéolos se llenan con el aire inhalado, el oxígeno se difunde hacia la sangre de los capilares, que es bombeada por el corazón hasta los tejidos del cuerpo. El dióxido de carbono se difunde desde la sangre a los pulmones, desde donde es exhalado.
El transporte de oxígeno en la sangre es realizado por los glóbulos rojos, quienes son los encargados de llevarlo a cada célula, de nuestro organismo, que lo requiera.
Al no respirar no llegaría oxigeno a nuestras células y por lo tanto no podrían realizarse todos los procesos metabólicos que nuestro organismo requiere para subsistir, esto traería como consecuencia una muerte súbita por asfixia (si no llega oxígeno a los pulmones) o una muerte cerebral (si no llega oxígeno al cerebro.
Proceso de inspiración y exhalación del aire.
Inspiración
Cuando el diafragma se contrae y se mueve hacia abajo, los músculos pectorales menores y los intercostales presionan las costillas hacia fuera. La cavidad torácica se expande y el aire entra con rapidez en los pulmones a través de la tráquea para llenar el vacío resultante.
Espiración
Cuando el diafragma se relaja, adopta su posición normal, curvado hacia arriba; entonces los pulmones se contraen y el aire se expele.
domingo, 29 de noviembre de 2009
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ResponderEliminar7,0